Rinconete y Cortadillo (y otras novelas ejemplares)

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A partir de 12-13 años (adaptado). Hoy recomendamos una selección de cinco novelas «ejemplares» de Miguel de Cervantes Saavedra, nacido probablemente el 29 de septiembre de 1547, titulada RINCONETE Y CORTADILLO (Y OTRAS NOVELAS EJEMPLARES) (1613).


La edición que aquí recomendamos adapta las Novelas ejemplares más célebres y amenas de Cervantes para que sean más accesibles a los lectores adolescentes de hoy en día, más de 400 años después de su publicación. Así, en primer lugar, encontramos la historia que nos habla de las divertidas andanzas de dos pícaros que se asocian a una delirante ‘cofradía’ de delincuentes («Rinconete y Cortadillo»); la que narra la extraordinaria aventura vivida por dos muchachas que, engañadas por el mismo galán, se deciden a perseguirlo por media España («Las dos doncellas»); el fascinante relato que describe las desastrosas consecuencias a que pueden abocar los celos desaforados de un anciano por su jovencísima esposa («El celoso extremeño»); la increíble novela sobre una joven ultrajada cuya astucia, aliada al destino, le permite localizar a su agresor y contraer matrimonio con él («La fuerza de la sangre»); y, en fin, la curiosa historia del licenciado cuyos sabios consejos sólo son atendidos cuando el personaje pierde la razón («El licenciado Vidriera»).

En estas pequeñas obras maestras, Cervantes nos revela su adicción a la aventura, nos habla de las pasiones desatadas por el amor y los celos, y nos demuestra que el hombre tenido por loco es, a veces, el más lúcido de todos los mortales. Las Novelas ejemplares fueron escritas por Miguel de Cervantes entre 1590 y 1612, y publicadas en 1613. Están compuestas por doce novelas cortas que seguían el modelo italiano, y en las que se incluye un cierto carácter ejemplarizante, didáctico y ético. «Las dos doncellas» pertenece a la época más temprana de la elaboración de la obra, con mayor influencia italiana y de corte idealista, en la que Cervantes se preocupa más por los aspectos formales, como la estructura narrativa. «La fuerza de la sangre» y «El celoso extremeño» pertenecen a una segunda etapa, en la que se aprecia una tendencia al análisis psicológico de los personajes y donde lo realista se funde con elementos del idealismo renacentista italiano. Por último, «Rinconete y Cortadillo» y «El licenciado Vidriera» pertenecen a la tercera y última etapa, con una concepción estrictamente realista y una valoración del mundo y la sociedad que rodean a su autor. Cervantes reconoce en ellas, además, su deseo de entretener al lector mediante una narración siempre sorprendente, buscando giros inesperados y efectistas.

Miguel de Cervantes Saavedra nació, probablemente, en Alcalá de Henares el 29 de septiembre de 1547, fecha en la que se celebra la fiesta del arcángel San Miguel, siendo bautizado en dicha localidad el 9 de octubre del mismo año. Debido a las deudas de su padre, un cirujano de modestos recursos, tuvieron que trasladarse a Valladolid y, posteriormente, a Córdoba. De la infancia de Cervantes apenas hay datos, aunque se sabe que cursó estudios. Sin embargo, no llegó a la universidad y todo lo que se conoce se extrae y se supone de lo plasmado y transmitido en sus obras. La primera fecha segura sobre Cervantes aparece en 1566, cuando se instala en Madrid, donde pasa a ser discípulo de Juan López de Hoyos, con quien publica sus primeras dos poesías, se aficiona al teatro y se forma como autor literario.

A partir de 1569, Cervantes viaja a Italia, donde estudia y asiste a numerosas representaciones, quedando muy influido por el estilo amoroso de las piezas del arte italiano. Tras servir al cardenal Acquaviva, Cervantes se alista en el tercio de Miguel de Moncada y lucha en la Batalla de Lepanto, en la que las tropas españolas se midieron a la armada del Gran Turco. Siempre estuvo orgulloso de haber participado en una batalla tan memorable, y así lo deja entrever en el prólogo de la segunda parte de El Quijote. En dicha batalla, Cervantes sufrió varias heridas que tuvieron como consecuencia la pérdida de la movilidad en su mano izquierda, hecho que le valdría el sobrenombre de «El manco de Lepanto». Pese a su lesión, Cervantes continuó como militar y, tras dejar el tercio, viajó por Italia y se instaló en Nápoles durante dos años, hasta su salida del país en 1575.

Precisamente, al abandonar Italia en barco, su galera fue asaltada por los turcos, quienes lo apresaron, junto con su hermano, y lo entregaron como esclavo en Argel. El rescate que pidieron por él era tan grande que permaneció retenido durante cinco años. Cervantes trató de escapar en cuatro ocasiones, haciéndose siempre responsable de las fugas para proteger a sus compañeros y siendo torturado por ello. Fue trasladado en varias ocasiones, debido a sus constantes intentos de fuga, hasta que, cuando ya iba a ser enviado a Estambul, fue liberado en 1580, gracias al rescate pagado por los Padres Trinitarios.

De vuelta a la península, en 1580, Cervantes buscó el apoyo de la corte de Felipe II, en Portugal, que le ofreció trabajo como espía en Orán para pagar las deudas de su rescate. Tras recuperarse económicamente, viajó a Madrid y comenzó a escribir La Galatea, su primera novela, que publicaría en 1585. En 1587, consiguió un nuevo trabajo como Comisario de Provisiones en la Armada Invencible y, con las relaciones establecidas, acabó instalándose en Sevilla, trabajando como proveedor real. Acusado de malversación, Cervantes acaba en la cárcel en el año 1597 y es entonces cuando comienza a gestarse su obra maestra, la novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. La magistral obra de Cervantes vio la luz en 1605 —con Cervantes viviendo en Valladolid—, y a ella seguirían las Novelas ejemplares (1613), con obras tan conocidas como «Rinconete y Cortadillo», «El licenciado vidriera» o «La fuerza de la sangre». En 1615, publicó la segunda parte de El Quijote, titulada El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha, y terminó Los trabajos de Persiles y Segismunda, novela que se publicó de manera póstuma, en 1617. Miguel de Cervantes Saavedra murió el 22 de abril de 1616, en Madrid, debido a su diabetes.

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