A partir de 13-14 años (adaptado). Nuestra recomendación de hoy es una obra maestra de la literatura: la novela DON QUIJOTE DE LA MANCHA (1605-1615), de Miguel de Cervantes Saavedra, nacido, probablemente, el 29 de septiembre de 1547, día del arcángel San Miguel.
Un hidalgo manchego, llamado Alonso Quijano, se vuelve loco de tanto leer libros de caballerías. Fascinado por las aventuras de los caballeros andantes que describe la literatura, decide abandonar su vida ordinaria para convertirse en caballero andante y buscar aventuras por el mundo. Para ello, adopta el nombre de Don Quijote de la Mancha, se arma con viejas piezas de armadura y equipa su viejo caballo, al que llama Rocinante. Luego busca una dama a quien dedicar sus hazañas y elige a una campesina del pueblo de El Toboso, llamada Aldonza Lorenzo, a quien rebautiza como Dulcinea del Toboso, imaginándose que es una bella y noble señora. Y, con su caballo y sus sueños, sale por los campos de La Mancha en busca de aventuras…
Cervantes escribió el Quijote con la intención de parodiar los libros de caballerías, que consideraba simples sartas de disparates desprovistas de todo interés. Para conseguir su propósito, ideó la historia de un hidalgo aldeano que enloquece de tanto leer las inverosímiles hazañas de héroes como Amadís y Palmerín, y que, al igual que los caballeros andantes, se echa a los caminos con el noble afán de ayudar a los necesitados. En compañía del afable y crédulo Sancho Panza, don Quijote participa en una serie de delirantes aventuras que provocan la hilaridad del lector. Sin embargo, el Quijote es mucho más que una simple novela humorística, pues constituye una lección magistral sobre la grandeza y la miseria de la condición humana. De la mano de un héroe que obra como un loco, pero que a menudo razona con admirable cordura, Cervantes nos revela la importancia de los ideales, nos ilustra sobre el valor de la libertad y la justicia, nos advierte de que no siempre es fácil distinguir la realidad de la apariencia y nos anima a creer en una literatura que, al tiempo que nos distrae, nos enseña a vivir y nos ilumina el espíritu.
La obra de Cervantes nos habla de la locura de creerse una ficción literaria e intentar vivirla en el mundo real, dejando claro el poder que pueden llegar a ejercer en nosotros las historias. No voy a hablar aquí de las técnicas narrativas de la obra, que es casi un tratado de cómo hacer una novela, con sus múltiples puntos de vista, los relatos dentro de otros relatos o el recurso del manuscrito encontrado. Sí de cómo las aventuras vividas por sus dos protagonistas —tan diferentes entre sí—, la mayoría fracasadas, van moldeando sus caracteres y haciéndolos evolucionar de forma inversa. A lo largo de la obra pasamos de un Quijote idealista, que quiere enderezar el mundo y devolverle la justicia a sus habitantes, a un personaje más realista, que asume sus fracasos, al que le duele el mundo que ve y que aconseja a otros con sensatez. Y dejamos a un Sancho realista y apegado a las pequeñas necesidades del día a día, en el principio de la novela, y nos encontramos al final a un Sancho que empieza a tener ideales y a soñar los sueños de don Quijote, llegando a consolar a éste cuando la desolación le hiere el alma. Cervantes no sólo narra un viaje alucinante por la estepa castellana, aderezado con personajes reales y fantásticos, historias de todo tipo y condición y aventuras sin cuento, sino que crea dos personajes hondos e inolvidables que se preguntan —y nos hacen preguntarnos— por temas tan profundos como la justicia, la libertad, la amistad, el amor… La versión aquí recomendada ayudará, sin duda, y es nuestro deseo, a que los lectores adolescentes puedan conocer esta obra magna y sean cautivados por sus historias, sus aventuras y sus personajes.

Miguel de Cervantes Saavedra nació, probablemente, en Alcalá de Henares el 29 de septiembre de 1547, fecha en la que se celebra la fiesta del arcángel San Miguel, siendo bautizado en dicha localidad el 9 de octubre del mismo año. Debido a las deudas de su padre, un cirujano de modestos recursos, tuvieron que trasladarse a Valladolid y, posteriormente, a Córdoba. De la infancia de Cervantes apenas hay datos, aunque se sabe que cursó estudios. Sin embargo, no llegó a la universidad y todo lo que se conoce se extrae y se supone de lo plasmado y transmitido en sus obras. La primera fecha segura sobre Cervantes aparece en 1566, cuando se instala en Madrid, donde pasa a ser discípulo de Juan López de Hoyos, con quien publica sus primeras dos poesías, se aficiona al teatro y se forma como autor literario.
A partir de 1569, Cervantes viaja a Italia, donde estudia y asiste a numerosas representaciones, quedando muy influido por el estilo amoroso de las piezas del arte italiano. Tras servir al cardenal Acquaviva, Cervantes se alista en el tercio de Miguel de Moncada y lucha en la Batalla de Lepanto, en la que las tropas españolas se midieron a la armada del Gran Turco. Siempre estuvo orgulloso de haber participado en una batalla tan memorable, y así lo deja entrever en el prólogo de la segunda parte de El Quijote. En dicha batalla, Cervantes sufrió varias heridas que tuvieron como consecuencia la pérdida de la movilidad en su mano izquierda, hecho que le valdría el sobrenombre de «El manco de Lepanto». Pese a su lesión, Cervantes continuó como militar y, tras dejar el tercio, viajó por Italia y se instaló en Nápoles durante dos años, hasta su salida del país en 1575.
Precisamente, al abandonar Italia en barco, su galera fue asaltada por los turcos, quienes lo apresaron, junto con su hermano, y lo entregaron como esclavo en Argel. El rescate que pidieron por él era tan grande que permaneció retenido durante cinco años. Cervantes trató de escapar en cuatro ocasiones, haciéndose siempre responsable de las fugas para proteger a sus compañeros y siendo torturado por ello. Fue trasladado en varias ocasiones, debido a sus constantes intentos de fuga, hasta que, cuando ya iba a ser enviado a Estambul, fue liberado en 1580, gracias al rescate pagado por los Padres Trinitarios.
De vuelta a la Península, en 1580, Cervantes buscó el apoyo de la corte de Felipe II, en Portugal, que le ofreció trabajo como espía en Orán para pagar las deudas de su rescate. Tras recuperarse económicamente, viajó a Madrid y comenzó a escribir La Galatea, su primera novela, que publicaría en 1585. En 1587, consiguió un nuevo trabajo como Comisario de Provisiones en la Armada Invencible y, con las relaciones establecidas, acabó instalándose en Sevilla, trabajando como proveedor real. Acusado de malversación, Cervantes acaba en la cárcel en el año 1597 y es entonces cuando comienza a gestarse su obra maestra, la novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. La magistral obra de Cervantes vio la luz en 1605 —con Cervantes viviendo en Valladolid—, y a ella seguirían las Novelas ejemplares (1613), con obras tan conocidas como «Rinconete y Cortadillo», «El licenciado vidriera» o «La fuerza de la sangre». En 1615, publicó la segunda parte de El Quijote, titulada El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha, y terminó Los trabajos de Persiles y Segismunda, novela que se publicó de manera póstuma, en 1617. Miguel de Cervantes Saavedra murió el 22 de abril de 1616, en Madrid, debido a su diabetes.

