Los Cinco y el tesoro de la isla

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A partir de 9-10 años. Nuestra recomendación de hoy es un clásico de la literatura infantil: LOS CINCO Y EL TESORO DE LA ISLA (1942), de la autora inglesa Enid Blyton, nacida un 11 de agosto de 1897. Acompaña a Julián, Dick, Ana, Jorge y Tim en su primera aventura en la isla de Kirrin.


Llegan las vacaciones para los pequeños Julián, Dick y Ana, pero un repentino viaje de negocios de sus padres a Escocia los obliga a viajar a la isla de Kirrin, para pasar el verano con sus tíos Quintín y Fanny y su recién conocida prima Georgina. Sin embargo, nada más llegar chocan de frente con el carácter extraño de su prima, a la que tendrán que aprender a tratar y llamar como a un chico, Jorge, pues eso es lo que ella quiere. No tardarán en ganarse su confianza y conocer a Tim, el perro y mejor amigo de Jorge, cuya existencia mantiene en secreto por temor a su padre.

La otra gran pasión de Jorge es la isla de Kirrin. En realidad, la isla pertenece a su madre, pero ésta se la cedió a Jorge para contentarla. Se trata de un islote con arrecifes a la que muy pocos saben llegar. Allí se encuentran las ruinas de un viejo castillo, habitadas por millares de conejos. Sin embargo, esta isla guarda muchos secretos y sorpresas.

El secreto de la isla fue la primera novela de la serie de Blyton sobre Los Cinco, integrada por un total de veintiún libros, y también la primera en tratar muchos de los temas que le preocupaban, como la libertad y la complicidad de los niños. El texto utiliza un lenguaje claro, directo y accesible, con frases no excesivamente complejas, lo que facilita su comprensión para los lectores de 9 o 10 años, sin resultar infantil. Los párrafos y capítulos tienen una extensión moderada que mantiene el ritmo narrativo. Además, la novela presenta una trama de misterio y aventura emocionante, y cuyos protagonistas son niños y jóvenes adolescentes (entre 7 y 13 años en la serie), con los que los lectores de estas edades pueden identificarse fácilmente. La búsqueda del tesoro genera suspenso sin recurrir a violencia explícita o contenido perturbador. El libro refuerza valores como la amistad, el trabajo en equipo, el coraje, la lealtad y el pensamiento crítico, ya que los personajes resuelven los problemas y las situaciones de riesgo que se les presentan mediante la astucia y la colaboración.

Es cierto que, en su novela, Blyton usa ciertas expresiones y un vocabulario que actualmente resultan algo anticuados, y que algunos valores o perspectivas reflejan su época, pero también es verdad que, en ella, introduce un personaje innovador respecto a los papeles sociales de hombres y mujeres en aquel momento histórico. El personaje de Georgina/Jorge viene a reflejar el deseo de muchas niñas y mujeres de principios del siglo XX de gozar de los mismos privilegios que los hombres, como tener la libertad de actuar y elegir según su propia conciencia, y no según el dictado de la sociedad; de ser activas, intrépidas, libres de vivir sus propias aventuras, y no pasivas o, simplemente, objeto del cuidado y la protección de los hombres, destinadas al matrimonio, la maternidad y las tareas domésticas. Además, el personaje evoluciona, tanto en su integración en el grupo, siendo cada vez más comprendida por los demás, como en su propia aceptación, más reflexiva y equilibrada a lo largo de la serie de novelas. Por todo ello, se hacen aún más inexplicables e inexcusables los intentos de reescritura de la novela, para aplicarle la «corrección ideológica» que está de moda en la actualidad, con la reinterpretación del feminismo del personaje de Georgina/Jorge como un deseo de manifestar su identidad sexual reprimida, así como los ataques al carácter y la vida personal de la autora para justificar dicha «corrección» de su obra. En este sentido, Silvia Colomé afirma, en un artículo publicado en La Vanguardia (13/08/2022), lo siguiente: «Su caso no es único y es el cuento de nunca acabar y cansino que estamos viviendo con los clásicos. ¿Hasta qué punto una vida privada reprochable debe censurar la obra de un creador? ¿Debemos obviar el contexto histórico, o quizá aprovechar la situación para conocer mejor de dónde venimos y lo que todavía nos falta por recorrer? ¿Es lícito reescribir lo que ahora consideramos socialmente vituperable? Y, sobre todo, ¿por qué se acusa a unos y a otros no? Sin duda, muchos mitos van cayendo a lo largo del tiempo, aunque a menudo somos nosotros quienes decidimos tirarlos por la borda.» En fin, conviene volver a las ediciones clásicas de esta obra, para evitar las traducciones e ilustraciones tendenciosas que se están produciendo en las ediciones actuales.

Enid Blyton nació en Dulwich, localidad al sur de Londres, Inglaterra, el 11 de agosto 1897. Tuvo dos hermanos. Desde pequeña le gustaba mucho leer. Entre sus libros favoritos se cuentan Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo de Lewis Carroll. Leía todos los libros de cuentos y leyendas que caían es sus manos. Según nos cuenta ella misma, en un libro sobre su vida, se leyó dos veces de cabo a rabo una enciclopedia infantil que la animó a leer más y más. Y también le gustaba la poesía. Después de iniciarse en los estudios de Medicina, los abandonó para estudiar Magisterio, movida por una fuerte inclinación hacia la juventud. Cuando era maestra, lo que más le gustaba era contar y explicar cuentos. Publicó su primer libro, un libro de poemas, en 1922.

En 1924 se casó con Hugh Alexander Pollock, un distinguido héroe de guerra que trabajaba como editor, y tuvo dos hijas, Gillian e Imogen. Durante su infancia, su madre escribía una historia detrás de otra, con la máquina de escribir encima de sus rodillas; en el jardín, cuando el tiempo era bueno, y junto al fuego, durante el invierno. Finalmente, se divorciaron en 1942, tras los amoríos sostenidos por Enid durante el período en que Hugh estuvo enfermo de neumonía, y la reincorporación de éste al ejército como comandante instructor y asesor de Winston Churchill. En 1943, y tras su divorcio de Pollock, Enid contrajo segundas nupcias con Kenneth Fraser Darrell Water, un cirujano con quien había tenido una relación romántica desde hacía un par de años atrás. Tras dos décadas de éxitos, hacia 1960, Blyton empezó a manifestar los primeros signos de demencia. Poco después, en 1967, su segundo marido falleció y, tras ello, la salud de Blyton empeoró notablemente y debió ser trasladada a una residencia en Hampstead, al norte de Londres, en la que habría de habitar durante los últimos meses de su vida. Falleció el 28 de noviembre de 1968, a los 71 años de edad.

La casa donde vivió con su familia se llamaba Green Hedges, que significa Setos Verdes, y tenía un precioso jardín, no muy grande, pero que rodeaba la casa. Había allí muchas flores, abetos, un viejo avellano y otros árboles. También tenía un estanque con peces dorados. A Enid Blyton le encantaba cuidar de su jardín y también le gustaban mucho los animales. Cuando era pequeña sus padres no la dejaban tener animales en casa, pero cuando fue mayor y tuvo su casa y su jardín, tuvo toda clase de animales: perros, muchos gatos, peces que la conocían y venían a comer de su mano, y erizos. A lo largo de su vida tuvo varios perros: dos fox terrier, llamados Bobs y Topsi, y dos perritas cocker spaniel, la primera se llamaba Lassie y la segunda Laddie.

Desde pequeña, Enid Blyton quiso ser escritora y empezó a escribir muy pronto, y nunca dejó de hacerlo. Escribió unas setecientas obras llenas de acción y suspense entre los años 1915 y 1968. Su verdadero nombre fue Enid Mary Blyton, aunque publicó tanto con su nombre de soltera, Enid Blyton, como con el de casada, Mary Pollock. Es una de las autoras de literatura infantil y juvenil más populares del siglo XX. Sus novelas han sido traducidas a casi un centenar de idiomas, teniendo unas ventas de más de seiscientos millones de ejemplares. Sin embargo, ha sido habitualmente ninguneada por la crítica, que la ha acusado de repetir hasta la saciedad modelos narrativos y estereotipos. Es principalmente conocida por series de novelas como Los Cinco y Los Siete Secretos (ciclos cuyos protagonistas son jóvenes que forman una pandilla y que desentrañan misterios) o Santa Clara, Torres de Malory y La traviesa Elizabeth (ciclos ambientados en internados femeninos, la otra constante de su narrativa).

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