A partir de 10-11 años. Hoy recomendamos una deliciosa gema de la literatura infantil: LOS CHICOS DEL FERROCARRIL (1906), de la escritora inglesa Edith Nesbit, nacida un 15 de agosto de 1858. Los hermanos Bobbie, Peter y Phyllis comienzan una nueva vida en el campo, cerca de la estación de ferrocarril…
Cuando su padre desaparece de forma inesperada, y en extrañas circunstancias, Roberta (Bobbie), Peter, Phyllis y su madre tienen que abandonar su feliz y holgada vida familiar en Londres para ir a vivir, entre estrecheces, a una pequeña casita —llamada Tres Chimeneas— en una aldea en el campo. Allí, los niños encuentran entretenimiento en una cercana estación de ferrocarril y hacen amistad con el mismísimo Jefe de Estación, con Perks, el mozo, o con el intrigante Señor Mayor, quien los saluda puntualmente cada mañana desde el tren de las 9,15. Sin embargo, los tres niños no logran olvidar el misterio que ha producido tantos cambios en su vida. Su madre no quiere decir nada y los chicos saben que es mejor no preguntar, pero ¿dónde está su padre? ¿Volverá algún día?
Este clásico de Nesbit, de prosa sencilla y lúcida, es una de las historias más entrañables sobre el paso de la infancia a la edad adulta que se han escrito. Humor, misterio e intriga. Cuando E. Nesbit la escribió, tenía cuarenta y siete años y ya había vivido intensamente y desafiado todos los prejuicios de su época: llevaba el pelo corto, iba en bicicleta, fumaba, se vestía sin corsé, se había quedado embarazada sin estar casada, había criado prácticamente sola a sus hijos y había escrito la mayor parte de su obra infantil, cuando escribir era un asunto reservado a los hombres. La novela promueve valores fundamentales, como la lealtad familiar, la creatividad infantil, la valentía, la empatía y la generosidad con quienes lo pasan mal. Los tres protagonistas (Roberta, Peter y Phyllis) se enfrentan a las dificultades con ingenio y cooperación, entre ellos y con otros personajes, pero cada uno a su manera y con aportaciones igualmente valiosas. Y, aunque la obra trata temas serios, como la ausencia paterna y la incertidumbre, lo hace de manera que estimula la reflexión sin generar angustia excesiva, mostrando cómo los niños pueden adaptarse de forma inteligente a las nuevas situaciones que se les presentan, siendo agentes activos en sus propias historias.
Por otra parte, dice la periodista, escritora y traductora Cristina Sánchez Andrade, en su prólogo a la edición de Siruela, que, «mientras la madre de los chicos (trasunto de E. Nesbit) afronta la espera en el pueblo de manera angustiosa, todo el día metida en su habitación escribiendo cuentos para sacar adelante a la familia, esperando a que esas «cosas maravillosas y muy bonitas» ocurran casi por arte de magia, los chicos se dedican a vivir. Creo que esta diferencia en la manera de concebir y asumir el paso del tiempo –el tiempo de espera– entre niños y adultos es fundamental en la obra de E. Nesbit y es lo que, en gran medida, hace que los niños de sus cuentos sean niños de carne y hueso, que piensan y actúan como niños y no como adultos.» Pero, en la novela, ese mundo infantil tan libre y caótico, opuesto al de los adultos, tan imaginativo que hasta concibe lo maravilloso como parte de la realidad (véase, por ejemplo, el hecho de que los tres protagonistas crean enviar un saludo a su padre desaparecido saludando todas las mañanas al tren de las 9,15), se traslada también al narrador omnisciente, que describe los nuevos lugares y objetos que aparecen en la historia desde el punto de vista de los niños protagonistas, con la magia del descubrimiento, y que también se dirige al lector en apelaciones que lo presuponen infantil. No cabe duda de que esta novela es una delicia, pues alcanza un logrado equilibrio entre la difícil realidad y el mundo infantil, con un lenguaje delicado e ingenuo, rozando sólo levemente y en ocasiones el misterio adulto que motiva la historia y que es en ella un fondo de angustia omnipresente.

Edith Nesbit nació en Londres, el 15 de agosto de 1858. La menor de seis hermanos, creció en el campo, donde su padre dirigía la primera escuela para agricultores. Él murió cuando Edith tenía cuatro años, dejando a la familia en la pobreza. A través de sus libros, ella siempre quiso recuperarlo, por eso repite tanto en ellos el esquema de la familia que tiene que lidiar con la pobreza y una muerte inesperada. Posteriormente, la enfermedad de su hermana mayor (sufría de tisis) llevó a la familia por Francia, España y Alemania, antes de instalarse en Halstead Hall, en Kent, lugar que le inspiró el escenario de Los chicos del ferrocarril. Se cuenta que en Francia tuvo su primer encuentro con el terror: fue a visitar un museo de momias y terminó en una catacumba, rodeada de doscientos cadáveres con la piel colgando. Edith sintió miedo a la oscuridad hasta que tuvo sus propios hijos.
A los dieciocho años, Nesbit conoció al empleado de Banca Hubert Bland. Embarazada de siete meses, se casan en 1880, aunque no se iría inmediatamente a vivir con él: Bland prefirió seguir aprovechando las comodidades que le ofrecía la casa de su madre, dejando que su mujer se las apañara sola. El matrimonio fue un desastre desde el primer momento. Como la madre de Los chicos del ferrocarril, Nesbit tuvo que sacar adelante a sus hijos vendiendo poemas e historias a editores reticentes. Junto a Hubert, Edith fundó la Sociedad Fabiana, movimiento británico cuyo propósito era avanzar en la aplicación de los principios del socialismo y de la que formaron parte, entre otros, escritores como George Bernard Shaw o H. G. Wells. Poco después, cuando esperaba su segundo hijo, su marido enfermó y su socio lo estafó. De nuevo Edith tuvo que recurrir a todo lo que sabía hacer para mantener la casa: pintaba tarjetas de Navidad, recitaba y seguía escribiendo. Fue entonces cuando su editor la convenció de que, debido a los prejuicios de la época, nadie iba a leer aventuras escritas por una mujer, y decidió quedar en la historia de la literatura como E. Nesbit.
La vida de E. Nesbit fue una pura contradicción, una lucha entre el deseo de ser una bohemia y la rectitud victoriana de la época. Lo más curioso es que su visión de la mujer era increíblemente tradicional. Nunca apoyó el sufragio femenino y su marido defendía continuamente en los periódicos la necesidad de que la mujer estuviera en su lugar (incluso cuando la suya continuaba siendo la que traía el pan a casa). Además de todo esto, la relación con sus propios hijos distaba mucho de ser la relación cercana que aparece en Los chicos del ferrocarril. Así, por ejemplo, su segundo hijo, Fabian (llamado así por la Sociedad), murió en casa de una operación de amígdalas porque nadie se molestó en advertirle de que no podía comer antes de la anestesia.

Hubert Bland falleció el 14 de april de 1914. El 20 de febrero de 1917, unos tres años después de la muerte de su primer marido, Nesbit se casó con Thomas «el Patrón» Tucker en Woolwich, donde él era capitán del transbordador de Woolwich. Hacia el final de su vida, Nesbit se trasladó primero a Crowlink, y después con el capitán a dos propiedades contiguas que eran edificios del Real Cuerpo Aéreo, ‘Jolly Boat’ y ‘Long Boat’. Nesbit vivió en ‘Jolly Boat’ y el capitán en ‘Long Boat’. Allí murió Nesbit en 1924, probablemente de cáncer de pulmón, pues parece ser que fumaba sin cesar.
Aunque E. Nesbit es principalmente conocida por sus libros para niños, también escribió terror, romance, poesía, propaganda socialista, obras de teatro y reseñas. Sus obras infantiles están llenas de humor y con un estilo innovador que, en ocasiones, desarrolla las aventuras de los protagonistas en una realidad cotidiana con elementos mágicos. Entre ellas citaremos Los buscadores de tesoros (1899), Cinco niños y esto (1902), La ciudad mágica (1920), Historias de dragones (1899), El castillo encantado (1907) o Los chicos del ferrocarril (1906). Sobre Nesbit, J. K. Rowling dice: «La autora con la que más me identifico es E. Nesbit. Es fabulosa, hizo geniales y graciosas historias de fantasía. Sus niños son muy reales y fue totalmente innovadora en su tiempo.» Y Diana Wynne Jones, autora de El castillo ambulante, comenta: «¿Qué libros leía cuando era niña? Pocos. Una vez encontré uno de E. Nesbit en una biblioteca y ya nunca dejé de buscarlos por todas partes…» Gore Vidal, en The New York Times Review, afirma: «Junto a Lewis Carroll, E. Nesbit es la mejor de los fabulistas ingleses que han escrito sobre los niños (para niños y para adultos), y como Carroll fue capaz de crear un mundo mágico enteramente propio.» Por último, el mismísimo C. S. Lewis reconoce lo siguiente: «En cuanto a mis libros para niños, los empecé en la tradición de E. Nesbit. Sin su The Aunt and Amabel no hubiera empezado con las tierras de Narnia.»
Los chicos del ferrocarril ha conocido múltiples adaptaciones: al teatro, al musical, a la radio, al cine y la televisión. La BBC llegó a realizar hasta cuatro series de televisión adaptando esta historia de Nesbit. Posteriormente, el actor Lionel Jeffries compró los derechos para realizar una adaptación cinematográfica, siendo él mismo quien escribió y dirigió la película, estrenada en 1970. Jenny Agutter y Dinah Sheridan actuaron en la película. La música fue compuesta, arreglada y dirigida por Johnny Douglas.


