Libro de maravillas

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A partir de 10-11 años. Hoy recomendamos un delicioso libro de relatos: LIBRO DE MARAVILLAS PARA NIÑAS Y NIÑOS (1851), del escritor estadounidense Nathaniel Hawthorne, nacido un 4 de junio de 1804. Seis mitos clásicos reelaborados para niños de forma bella y poética.


El Libro de Maravillas relata seis cuentos de la mitología griega. En «La cabeza de la Gorgona», un malvado rey pide a Perseo que le traiga la cabeza de Medusa, ¿será capaz Perseo de conseguirla? En «El toque de Oro» se cuenta como el rey Midas, a quien le encanta el oro, y tiene mucho, siente que mientras no lo tenga todo seguirá insatisfecho… ¿conseguirá al fin ser feliz? Por su parte, «El paraíso de los niños» no dice que, al principio de los tiempos, los niños se dedicaban a jugar sin preocupaciones, pero la existencia de una caja (La caja de Pandora), la cual tienen prohibido abrir, les inquieta: ¿Qué tendrá esa misteriosa caja? «Las tres manzanas de oro» trata sobre la misión que se le ha encomendado a Hércules: traer tres manzanas de oro del jardín de las Hespérides. Nadie sabe dónde está el jardín, sólo que está guardado por un dragón de cien cabezas. En su aventura conocerá al Anciano del Mar, al hombre de seis piernas, a un gigante que sujeta el cielo sobre sus hombros…, pero, ¿conseguirá encontrar el jardín? En «La jarra milagrosa», Baucis y Filemón son dos ancianos pobres, pero muy hospitalarios. Un día reciben a dos viajeros que han sido maltratados por sus vecinos del pueblo. Pero parecen un poco particulares, ¿Quiénes serán estos extraños viajeros? Por último, en «La Quimera» se nos cuenta que Belerofonte necesita una ayuda muy especial para acabar con la terrible Quimera, que está arrasando el país. Pero Pegaso no se deja ver tan fácilmente, y mucho menos montar. ¿Conseguirá que Pegaso le ayude en su empresa?

En 1838, Nathaniel Hawthorne le propuso a Henry Wadsworth Longfellow escribir juntos una versión infantil del mito clásico de la caja de Pandora, pero aquel proyecto nunca se materializó. Unos años más tarde, Hawthorne escribió este Libro de maravillas, en el que nos ofrece una adaptación libre y vivaz de seis leyendas de la mitología griega. El autor se propuso modernizarlas y despojarlas de lo que definió como «la fría luz de la luna», aquello que, con el paso de los siglos, las había hecho languidecer. Los seis mitos escogidos fueron: la historia de Perseo y la Medusa («La cabeza de la Gorgona»); la fábula del codicioso rey Midas («El toque de oro»); el mito de la caja de Pandora («El paraíso de los niños»); el viaje de Hércules al Jardín de las Hespérides («Las tres manzanas de oro»); el amor de Baucis y Filemón («La jarra milagrosa») y el encuentro entre el mítico caballo alado Pegaso y su único jinete, Belerofonte («La Quimera»). Dice Manuel de la Fuente en ABC que «estas historias inmortales siguen siéndolo hoy en las palabras y las páginas de Nathaniel Hawthorne. Hay ternura, hay misterio, todo está lleno de claridad, de sencillez, de belleza. Si alguien quiere recuperar esa hermosa tradición de la narración oral tiene en estas páginas un delicioso breviario para hacerlo». Y Fulgencio Argüelles, en El Comercio, comenta: «Hawthorne, uno de los cuentistas más importantes en la historia de la literatura, recoge seis mitos clásicos singulares, los pasa por el tamiz de su genio literario, sazonándolos a discreción con la sal de su imaginación y los aderezos notables de la sensibilidad, y nos los entrega en transparente envoltorio romántico para la satisfacción plena de nuestra imperiosa e inagotable necesidad de escuchar. Este libro alimenta la imaginación, remueve el ancestral sedimento mítico que nos conforma como colectividad y nos empuja hacia el estadio irracional de la emoción desquiciada». Por su parte, Ramón Rozas, en Diario de Pontevedra, explica que la obra es «una curiosa mezcla entre el sustrato mítico y la narrativa del autor americano, coétaneo de Melville y Poe, y en la que se reconoce ese ambiente general que adquiría la prosa de aquel momento del Romanticismo americano, donde se ingerían ciertos toques góticos y fantásticos. El autor, amén del brillante manejo de las palabras, también destaca por cómo nos presenta todas esas narraciones, insertas en una narración global que se destina a un grupo de niños que, como en el mundo antiguo, se sientan ante el narrador a escuchar sus relatos”. Y Violeta Kovacsics, en Diario de Tarragona, afirma: «Lo realmente hermoso es la manera en que Hawthorne las expone, abiertas y cerradas con los encuentros de unos niños en torno a su primo Eustace, que les cuenta esas historias. De escritura delicada, este libro encandila a los mayores; pero, sobre todo, puede abrir una puerta a los pequeños hacia el inagotable mundo de la mitología». En fin, Pepe Rodríguez, en El Placer de la Lectura, expone: «Nos hallamos ante una obra muy accesible, dinámica, cultivada y entretenida. Hawthorne es capaz de revisitar tales mitos simplificando, reconstruyendo y convirtiendo en digeribles y asimilables para todos los públicos su contenido sin que pierdan un ápice del interés que originalmente tienen. Es más, el lector que se asome a ellos quedará con ganas de saber más, pues el cebo es tan pertinaz que reclama una posterior investigación de sus personajes. El mismo volumen en tan difícil de soltar que es casi imposible no leérselo de una sentada. Frescas, fluidas, y sencillas historias con un trasfondo denso pero que la brillantez de la pluma de Hawthorne nos acerca. Logro buscado y conseguido por el autor que así se lo propuso.»

Nathaniel Hawthorne nació en Salem, Massachusetts, el 4 de junio de 1804. Su infancia fue difícil debido a la muerte de su padre, capitán de marina que murió en Surinam de fiebre amarilla cuando él tenía cuatro años. A partir de entonces, la vida de Hawthorne se volvió compleja y al mismo tiempo fascinante, particularmente debido a su pasión por la literatura y su cercanía con el puritanismo. Su tatarabuelo, William Hathorne fue uno de los primeros colonos en establecerse en Salem, y otro de sus antepasados, John Hathorne, fue el único juez involucrado en los juicios de brujas de Salem que nunca se arrepintió de sus acciones. Nathaniel más tarde agregó una «w» para cambiar su apellido por «Hawthorne», con el fin de ocultar esta relación.

Ingresó en el Bowdoin College en 1821 y se graduó en 1825. Hasta la publicación de su primer libro Cuentos dos veces contados, en 1837, Hawthorne escribió en total anonimato en la casa familiar. En 1839, Hawthorne entró a trabajar en la aduana del puerto de Boston. Contrajo matrimonio con la pintora trascendentalista Sophia Peabody en 1842. El matrimonio se trasladó a Concord (Massachusetts), lugar donde tuvieron de vecinos a los escritores Ralph Waldo Emerson y Henry David Thoreau. En 1846 Hawthorne fue nombrado inspector de la aduana de Salem, pero pronto perdió su trabajo debido a cambios administrativos en Washington. En 1852 escribió la biografía de su antiguo compañero Franklin Pierce. Cuando este ganó las elecciones, Hawthorne recibió como recompensa el nombramiento de cónsul estadounidense en Liverpool (1853). En 1857 renunció a su cargo y viajó por Francia e Italia. Con su familia, regresó en 1860. Cayó enfermo poco después y murió el 19 de mayo de 1864, probablemente de cáncer de estómago, en Plymouth (Nueva Hampshire), dejando una viuda y tres hijos.

Hawthorne es conocido sobre todo por sus cuentos, muchas veces de contenido siniestro, al gusto de la época, y por sus cuatro novelas: La letra escarlata (1850), La casa de los siete tejados (1851), La novela de Blithedale (1852) y El fauno de mármol (1860). Forma parte, junto a sus coetáneos Poe y Melville, de lo que podría llamarse el núcleo fundacional de la literatura norteamericana. Una de sus permanentes preocupaciones literarias fue el problema del mal y de su trasmisión a través de las generaciones. Sobre ese fundamento escribió su célebre novela La letra escarlata. Su realidad —dice Borges— fue, siempre, el tenue mundo crepuscular, o lunar, de las imaginaciones fantásticas.

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