Greguerías

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A partir de 12-13 años. Hoy recomendamos una obra insustituible: GREGUERÍAS (1917), del escritor español Ramón Gómez de la Serna, nacido un 3 de julio de 1888. Sus pequeñas píldoras de humor, poesía y sabiduría provocarán tu sonrisa en cualquier día gris.


Publicadas en prensa desde 1910, incrustadas en otros libros, una y otra vez recopiladas, las greguerías siguen siendo pequeñas obras maestras, apuntes deliciosos, mínimas gemas depuradas en el laboratorio genial del escritor. Su elaboración, según confesó don Ramón, se debe a la fórmula: Greguería = Metáfora + Humor. La imagen en que se basa la greguería puede surgir de forma espontánea, pero su formulación lingüística es muy elaborada, pues ha de recoger sintética, ingeniosa y humorísticamente la idea que se quiere transmitir. El efecto sorpresivo se obtiene a través de cuatro posibles mecanismos: la asociación libre de conceptos contrapuestos («Lo más importante de la vida es no haber muerto»), la asociación visual de dos imágenes («La luna es el ojo de buey del barco de la noche»), la inversión de una relación lógica («El polvo está lleno de viejos y olvidados estornudos») o la asociación libre de conceptos ligados («El par de huevos que nos tomamos parece que son gemelos, y no son ni primos terceros»). Está claro que, para el lector adolescente, se trata de un libro que rompe esquemas, ya que no relata una historia ni desarrolla una idea o sentimiento en forma de poema. Además, por la brevedad de las greguerías, permite un uso del tiempo de lectura muy flexible. Seguramente, no entenderán a estas edades algunas de ellas, y de otras no adivinarán el trasfondo de crítica social, pero podrán disfrutar del juego, el humor y la belleza de muchas y sorprenderse por su originalidad. Si esto es así, no olvidarán nunca el hecho de haberla leído, como obra singular que es dentro de la literatura española y universal. Y, por último, las greguerías tienen el poder de contagiar a quienes las leen, invitarlos a compartirlas con los demás, incluso a crear las suyas propias.

Ramón Gómez de la Serna nació en Madrid, el 3 de julio de 1888. Fue un prolífico escritor y periodista vanguardista español, generalmente adscrito a la generación de 1914 o novecentismo, e inventor del género literario conocido como greguería. A pesar de acabar la carrera de Derecho, nunca llegó a ejercer la profesión: el afán literario le absorbió por completo desde muy joven, amulando los pasos de su tío Andrés y de su tía Carolina Coronado. Empezó su carrera literaria en el periodismo, donde destacó por su carácter original, ejerciendo una rebelión imaginativa y nihilista contra una sociedad anquilosada, burguesa y sin expectativas. A la edad de veintiún años, se enamora de la también escritora y periodista Carmen de Burgos, mujer viuda y con hijos, veinte años mayor que él, con la que realiza varios viajes por Europa, durante los cuales empieza a escribir sus greguerías. Empieza a frecuentar las tertulias en el Café de Pombo y a escribir en la Revista de Occidente. El 15 de septiembre de 1927, apareció un titular en los periódicos madrileños anunciando la muerte de Ramón, por error de las agencias informativas. En 1932 conoce a conoce a Luisa Sofovich («Luisita», como la llamó desde los comienzos), durante un viaje a Buenos Aires, quien tiene un hijo fruto de un matrimonio fallido. Con ella regresa a Madrid y, cuando comienza la Guerra Civil, gracias a los contactos de Luisa puede exiliarse a Buenos Aires. En 1949, viajan a España y, tras unos meses de estancia, deciden regresar a Buenos Aires, ciudad en la que Ramón fallece de cáncer el 12 de enero de 1963.

Posee una obra literaria extensa, que va desde el ensayo costumbrista o la biografía, como las de Valle Inclán, Azorín o la suya propia, titulada Automoribundia (1948); hasta la novela y el teatro. Su vida y obra es una ruptura contra las convenciones. Es así una encarnación con el espíritu y la actuación de las vanguardias, a las que dedicará un libro llamado Ismos (1931). Su obra es extensa y su eje central son las greguerías: un género iniciado por él, como un conjunto de apuntes en los que encierra una pirueta conceptual o una metáfora insólita. Suelen ser de varios tipos: chistes, juegos de palabras, o incluso, también, pequeños apuntes filosóficos. «Ramón», como le gustaba que le llamaran, escribió un centenar de libros, la gran mayoría traducidos a varios idiomas. Divulgó las vanguardias europeas desde su concurrida tertulia en el Café de Pombo, inmortalizada por su amigo, el pintor y escritor expresionista José Gutiérrez Solana. Escribió especialmente biografías donde el personaje reseñado era en realidad una excusa para la divagación y la acumulación de anécdotas, verdaderas o inventadas.

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