A partir de 12-13 años. Hoy os recomendamos la extraordinaria historia de dos jóvenes que intercambian sus vidas respectivas: EL PRÍNCIPE Y EL MENDIGO (1881), del célebre escritor estadounidense Mark Twain, nacido un 30 de noviembre de 1835.
La historia se desarrolla en Londres, en el siglo XVI, durante el reinado de Enrique VIII. En un mismo día nacen en Londres dos niños de condiciones sociales opuestas: Tom Canty es el hijo no deseado de un rufián y está destinado a una vida pobre y miserable; Eduardo Tudor es el primogénito de Enrique VIII, y el futuro soberano de Inglaterra. Al cabo de los años, los dos chicos se encuentran por casualidad y deciden intercambiar sus ropas para experimentar cómo vive el otro durante unos días. Nadie se da cuenta porque ambos son increíblemente similares, pero los acontecimientos se los llevan por delante: el monarca muere y Tom debe asumir el trono, al tiempo que Eduardo se une a una banda callejera. Cada vez resulta más difícil volver atrás…
El príncipe y el mendigo parte de una premisa muy atractiva: intercambiar durante un tiempo la existencia propia con la de un extraño es una vieja aspiración humana que ha alimentando la ficción durante décadas. Es, además, un hermoso relato atemporal que pone a prueba a los dos adolescentes protagonistas, de vida antagónica por procedencia, crianza, educación, riqueza y posición social: ¿cuáles son los verdaderos valores de cada uno?

Samuel Langhorne Clemens, más conocido como Mark Twain, fue un periodista, escritor y humorista estadounidense que nació en Florida, Misuri, el 30 de noviembre de 1835, y que falleció en Connecticut el 21 de abril de 1910. Pasó su infancia y adolescencia en Hannibal, a orillas del río Misisipi. El apodo le fue puesto en su juventud, cuando tripulaba barcos por el Misisipi. Su tarea a bordo del barco era ir midiendo la profundidad del agua. La profundidad mínima navegable era de dos yardas y, si se cumplían, gritaba: «¡Marca dos!», que se pronunciaba como mark twain en la jerga local. En 1861 viajó a Nevada como ayudante personal de su hermano, que acababa de ser nombrado secretario del gobernador. Más tarde, en San Francisco, trabajó en The Morning Call. En 1866 realizó un viaje de seis meses por las islas Hawái y al año siguiente embarcó hacia Europa. Resultado de este último viaje fue uno de sus primeros éxitos editoriales, Inocentes en el extranjero, publicado en 1869. Llamado por William Faulkner «el padre de la literatura americana», Twain escribió más de 500 obras. En la época en que trabajó como periodista adoptó el pseudónimo de Mark Twain, pero sus visiones críticas contra el racismo, el esclavismo y otros temas sociales conflictivos truncaron esta vocación; fue mediante sus relatos y novelas con los que finalmente obtuvo reconocimiento, siendo reconocidas hoy en día, sobre todo, Las aventuras de Tom Sawyer (1876) y Las aventuras de Huckleberry Finn (1884). A ellas hay que sumar otras novelas de gran éxito y fama mundial, como El príncipe y el mendigo (1881) o Un yanqui en la corte del Rey Arturo (1889).
A pesar de su inmenso éxito como escritor, varias malas inversiones y el engaño de sus editores lo obligaron a sobrevivir a base de dar conferencias por todo el mundo. Se casó con su gran amor, Olivia Langdon, a quien estuvo cortejando por carta durante un año, en 1868, y tuvo con ella cuatro hijos, aunque tres de ellos murieron antes que él, al igual que su esposa. Estos sucesos personales, entre otros, provocaron que, en sus últimos años de vida, Twain pasase por un período de depresión profunda, situación que se reflejó en sus trabajos. En 1909 dijo: «Vine al mundo con el cometa Halley en 1835. Vuelve de nuevo el próximo año, y espero marcharme con él. Será la mayor desilusión de mi vida si no me voy con el cometa Halley. El Todopoderoso ha dicho, sin duda: ‘Ahora están aquí estos dos fenómenos inexplicables; vinieron juntos, juntos deben partir’. ¡Ah! Lo espero con impaciencia.» Su predicción se cumplió: Twain murió en Redding (Connecticut) de un ataque al corazón sobre las 6 de la tarde del 21 de abril de 1910, a los 74 años de edad.
Las anécdotas sobre su vida y milagros son muy numerosas, a la par que divertidas. En cierta ocasión, Twain recibió una carta de otro escritor que le preguntaba si comer pescado era eficaz para desarrollar la inteligencia. Y él le respondió: «Sí, mi querido señor. El pescado es excelente para el cerebro. En su caso, con 2 o 3 tiburones, aunque no sean de los grandes, bastarán.» Por otra parte, como Twain en inglés suena igual a twin, que significa «mellizo», nuestro escritor se inventó la existencia de un hermano mellizo, lo que le servía para decir que él no era él, sino su hermano. Así, contaba que, siendo niños, uno de ellos se había ahogado: «El que se ahogó era yo, y ahora yo soy el otro.» Por último, cierto día un industrial, haciendo gala de sus ideales, le contó a Mark Twain que antes de morir quería peregrinar a Tierra Santa y subir al Monte Sinaí para leer en voz alta los diez mandamientos. Twain respondió: «Y en vez de eso, ¿por qué no se queda aquí y los pone en práctica?»

