A partir de 12 años. Nuestra recomendación de hoy es una novela de misterio situada en el París del siglo XIX: EL MISTERIO DE LA MUJER AUTÓMATA (1991), de Joan Manuel Gisbert, nacido el 16 de octubre de 1946. Una historia de intriga y amor que te atrapará desde el comienzo…
Corre el año 1821 en París, y en la galería de Pierre Grasset se exhibe un autómata, “El gran magnetizador”, cuyo autor es el maestro Hans Helvetius. Entre los visitantes de la galería está Klaus Helmut Baden. Según propia denominación, un “empresario de variedades”, pero en realidad un desalmado que comercia con la desgracia de sus semejantes, utilizando los poderes de la médium Eugénie Valmont para curar a todos aquellos que lo soliciten. A cambio del pago de fuertes sumas de dinero y la promesa de un silencio absoluto, Baden ha logrado grandes riquezas y control absoluto sobre la médium, pero le preocupa que los poderes de Eugénie se debiliten y, con ello, fracase el negocio. Entonces, recordando al autómata “El gran magnetizador”, concibe un plan: sustituir en algunas sesiones a la verdadera médium por un autómata que sea su réplica exacta. Helvetius recibe, a través de terceras personas, el encargo de fabricar una mujer autómata exactamente igual a una figura de cera que le es entregada. Al cabo de tres meses, el encargo está listo, pero las circunstancias misteriosas que han rodeado toda la operación inquietan a Helvetius, quien, acompañado de su amigo, el magistrado Antoine Menjoul, inicia unas investigaciones que concluirán con el desenmascaramiento de Baden.
La novela de Gisbert no es simplemente un cuento, sino un auténtico misterio que requiere seguimiento atento: autómatas, figuras de cera, estafadores y secretos ocultos. La estructura narrativa engancha desde las primeras páginas con un enigma bien construido que recompensa la atención del lector. Su combinación de ciencia, tecnología y magia oscura crea una atmósfera única. Además, la novela plantea preguntas sobre la separación entre ética y negocios, mostrando cómo un personaje (Klaus Helmut Baden) explota a otros para ganar dinero. Esto permite reflexiones educativas sobre responsabilidad social. Por último, tiene personajes memorables: así, Helvetius, el automatista, resulta adorable, hasta en su aspecto huraño, y los personajes secundarios tienen profundidad suficiente para mantener el interés del lector. Y, aunque incluye estafas, explotación de enfermos mentales, ciencias ocultas y suplantación de identidad, estos elementos son tratados con sobriedad narrativa, sin dramatismo explícito ni descripciones perturbadoras.

Joan Manuel Gisbert nació en Barcelona, el 16 de octubre de 1949. A causa de la prematura muerte de su padre, comenzó a trabajar a temprana edad, colaborando con distintas editoriales. Viajó a París para estudiar teatro y, a su regreso, publicó su primer libro, Escenarios fantásticos (1979), que consiguió el Premio de la CCEI. A éste siguieron muchos otros en el ámbito de la literatura infantil y juvenil. Entre ellos El misterio de la isla de Tökland (1981), que obtuvo el Premio Lazarillo; Leyendas del planeta Thamyris (1982), declarado Libro de Interés Infantil por el Ministerio de Cultura; El museo de los sueños (1984), con el que obtuvo el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil; La noche del eclipse (1990), galardonado con el premio Gran Angular; El misterio de la mujer autómata (1991), premio Barco de Vapor; La voz de madrugada (1995), premio Edebé; El mensaje de los pájaros (2001), premio Barco de Vapor. En fin, en 1997 consiguió el Premio Cervantes Chico de Literatura Infantil y Juvenil por su trayectoria literaria.
Gisbert también trabajó como asesor en el mundo editorial. En la actualidad imparte cursos sobre la imaginación fantástica y participa en jornadas y encuentros de literatura infantil y juvenil, y sobre los temas del arte fantástico. Realiza encuentros con lectores en bibliotecas, centros educativos y ateneos culturales de diversos países. Ha creado también guiones para televisión. En sus obras, Gisbert desarrolla aventuras que parten de la vida real, de la que también forman parte los sueños y los contenidos de la imaginación, para adentrarse en las zonas desconocidas de la realidad, sin descuidar nunca la dimensión artística de la escritura ni la riqueza expresiva del lenguaje. Lo inaudito y lo extraordinario aparece en sus obras como el revés de la trama de la vida, como una extensión de los ámbitos de la experiencia humana, más allá de lo aparente y lo cotidiano. En sus textos para sus lectores más jóvenes, a este autor le gusta desarrollar historias inspiradas en elementos temáticos de mitos, cuentos y leyendas de todos los tiempos, a través de nuevos relatos de su creación, con su particular atmósfera de encanto, aventura, misterio, sortilegio y descubrimiento.
Uno de sus mayores placeres consiste en descubrir de cuántas maneras el inagotable poder de las palabras y el lenguaje puede dar lugar a personajes, escenarios y hechos que surgen de la imaginación y lo desconocido, aunque no pocas veces comprendemos después que ya existían de algún modo entre nosotros. Autor de una extensa obra con plena vigencia, Gisbert considera que la lectura literaria es una actividad de creación artística compartida, en la que el lector, con sus múltiples capacidades, lleva la obra a su consumación en el interior de sí mismo. Y sostiene que por ello el acto de leer es tan distinto a las demás maneras de vivir historias que están a nuestro alcance.

