A partir de 11 años. Hoy recomendamos PLATERO Y YO (1914), del poeta andaluz Juan Ramón Jiménez, nacido el 23 de diciembre de 1881. La prosa poética —o la poesía en prosa— en español pocas veces ha alcanzado tales cimas de belleza y ternura. Un clásico imprescindible a cualquier edad.
«Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos». Éstas son las primeras palabras de Platero y yo, y son ya una declaración de intenciones. Estamos ante una autobiografía lírica, formada por los recuerdos de la infancia; una elegía de la vida en un pequeño pueblo andaluz, el de su autor, Moguer (Huelva); y, por último, ante la creación de un mito imperecedero: el burrillo Platero. El propio Juan Ramón protestaba en vida contra tanta lectura superficial de la obra, aferrada al sentimentalismo fácil de la anécdota. Richard Cardwell, uno de los primeros especialistas en el gran andaluz universal, explica que en la obra se aprecia la intención de Juan Ramón Jiménez de propagar los grandes ideales de la pedagogía cultural del krausismo.

Publicado en 1914 por el poeta Juan Ramón Jiménez, premio Nobel 1956, Platero y yo reúne algunas de las mejores páginas de prosa poética de la literatura española. En este libro, el autor andaluz recrea poéticamente la vida del asno Platero, su inseparable amigo de niñez y juventud, en breves capítulos que pueden considerarse auténticos poemas en prosa. Convertido ya en clásico de la literatura universal, ha sido traducido a las más importantes lenguas por todo el mundo.

Quizá fue la belleza del paisaje de Moguer, el pueblo blanco donde nació Juan Ramón Jiménez en diciembre de 1881, lo que despertó su primera vocación por la pintura. Sin embargo, y después de haber empezado a estudiar Derecho en Sevilla, lo dejó todo para dedicarse a escribir hasta el día de su muerte, en 1958, en Puerto Rico. La melancolía por la muerte de su padre en 1900 y una enfermedad pulmonar condicionaron su juventud a un deambular por distintos sanatorios e influyeron en su obra, centrada en la indagación de la belleza y la plenitud de lo real. Al estallar la Guerra Civil española se exilió en Estados Unidos y fue profesor de varias universidades hispanoamericanas. En 1956 recibió el Premio Nobel de Literatura. Figura central de la poesía contemporánea, su vasta producción en verso y prosa —desde Ninfeas (1900) y Piedra y cielo (1919) a La estación total (1946) o Dios deseado y deseante (1948), desde Platero y yo (1914) a Españoles de tres mundos (1940)— es una cima de la expresión literaria en castellano.

