A partir de 13 años. Hoy hablamos de otro libro que no precisa recomendación: LA HISTORIA INTERMINABLE (1979), del escritor alemán Michael Ende, nacido un 12 de noviembre de 1929. Prodigio del género fantástico, es una oda a la lectura, la puerta de entrada al reino de Fantasía.
Este singular libro contiene dos historias, cada una escrita en un color distinto, una dentro de la otra. La primera, en el mundo real, comienza cuando Bastián encuentra un libro llamado “La historia interminable” y comienza a leerlo. La segunda tiene lugar en el libro de Bastián, cuya historia se ubica en el ficticio reino de Fantasía, donde Atreyu debe encontrar una cura para la reina, que padece una extraña enfermedad. Pero, ¿hasta qué punto ambas historias son realmente independientes?
La Emperatriz Infantil está mortalmente enferma y su reino corre un grave peligro. La salvación depende de Atreyu, un valiente guerrero de la tribu de los pieles verdes, y de Bastián, un niño tímido que lee con pasión un libro mágico. Mil aventuras los llevarán a reunirse y a conocer una fabulosa galería de personajes, para juntos darle forma a una de las grandes creaciones de la literatura de todos los tiempos.
Para el escritor alemán Michael Ende, la fantasía no es una forma de huir de una realidad difícil, sino una manera más agradable de acercarse a ella. La historia interminable muestra gráficamente lo que es «sumergirse» en un libro y lleva la imaginación a unas cotas pocas veces alcanzadas en la literatura de cualquier época. Aquí, la puerta de entrada al mundo fantástico es un libro, y no una madriguera de conejo, como en Alicia en el país de las maravillas, o un armario, como en las Crónicas de Narnia. De este modo, se enfatiza una de las principales virtudes de la literatura, la de sumergirnos en el mundo creado por el escritor. Bastián representa a cualquier lector infantil que se sumerge en el mundo de su lectura, sólo que aquí ese chapuzón virtual se hace realidad. Y qué decir del mundo creado por Michael Ende, con sus seres fantásticos, lleno de aventuras y desafíos, en los que el niño lector, Bastián, será un actor principal. Contiene páginas de una imaginación desbordante, páginas que nos avisan de lo que podría ocurrir si un día la bondad, la belleza, la imaginación, desaparecieran…

Michael Ende nació el 12 de noviembre de 1929. Hijo del pintor surrealista Edgar Ende, quizás heredara de su padre el gusto por la imaginería fantástica y por la extraña plasticidad de sus imágenes. Empezó a escribir desde muy joven, inicialmente atraído por el teatro, pero pronto encontró su adecuada forma expresiva en la literatura juvenil. Comenzó a escribir relatos de corte infantil y juvenil a principios de los años 50. Trabajó como actor, guionista de espectáculos de cabaret y como escritor de críticas cinematográficas. Logró popularidad en su país con la obra Jim Botón y Lucas el Maquinista (1960), una novela fantástica. La fama internacional del escritor comenzó con Momo (1973) y se consolidó con La historia interminable (1979), en la que Ende dio vida a un complejo mundo fantástico, rico en referencias e implicaciones filosóficas y literarias. En sus páginas, la capacidad del autor para la creación fantástica, la coherencia estilística y conceptual, la intensidad de los símbolos y la riqueza de las imágenes, ofrecen lo mejor de Ende y hacen de él uno de los autores más leídos durante aquellos años. Contrajo matrimonio con Ingeborg Hoffman, la cual era cantante y con quien vivió en Roma. Ingeborg falleció en 1985 debido a un cáncer. Cuatro años después, Ende se casó por segunda vez con la japonesa Mariko Sato. En el año 1992 se le diagnosticó un cáncer de estómago que acabó con su vida al cabo de tres años, el 28 de agosto de 1995, cuando Ende contaba 65 años.

El éxito internacional de La historia interminable fue tal que en poco tiempo ya contaba con una adaptación cinematográfica (1984), que tuvo dos secuelas. También se hizo un musical, dos series de animación y hasta una ópera. En cuanto a la película, dirigida por Wolfgang Petersen, sólo cubre la primera parte del libro, hasta el momento en que Bastián entra en Fantasía. Ende se sintió terriblemente decepcionado por el resultado, hasta el punto de declarar que la película era «un gigantesco melodrama comercial a base de cursilería, peluche y plástico», por lo que pidió que retiraran su nombre de los títulos de crédito, donde sólo aparece como autor de la novela.

